HISTORIAPodemos constatar que desde los tiempos más remotos hasta nuestros días se han realizado numerosas tentativas para utilizar, ya con fines recreativos ya con fines didácticos, y bajo diferentes apelaciones (juegos dramáticos, t. escolar, dramatizaciones, etc.), el instinto que empuja al niño y al joven a actividades de orden dramático. Pero hasta finales del s. xvi no aparece el t. escolar propiamente dicho, y por impulso de los jesuitas, inscrito en el marco escolar e introducido en los programas de estudios. La Ratio Studiorum, y más tarde la Ratio docendi et discendi, define el objeto del t. escolar, única y esencialmente moral, social y pedagógico. La concepción de este t. se inspira en una visión heroica y religiosa de la vida. Por tanto, el t. en la enseñanza, no sólo debe ser un instrumento para perfeccionar la voz y la recitación, el gesto y el andar, sino también un modelo de vida y de ejemplos para los jóvenes. El repertorio se selecciona entre las grandes tragedias, las vidas de héroes y santos. La comedia, la sátira, etc., están proscritas. Más tarde, ya en el s. XVII, este concepto evoluciona y se enriquece con la introducción del ballet (v.), el mimo (v.), las alegorías (v.) y los cantos (v.). Aparece una visión más amplia del propio concepto, tanto por influencias externas, como por miembros de la propia Compañía de Jesús que, como el P. Poree en Francia, opinan que el t. escolar debe ser moral, religioso, nacional..., pero sobre todo «humano».
A finales del s. XVII y durante el s. XVIII, el t. escolar desaparece prácticamente, y a finales del s. XIX vuelve a aparecer como fruto de los nuevos planteamientos de la pedagogía. A la luz de los avances experimentados, y en especial por las ciencias de la educación, se plantea en nuestra época el papel que el t. como arte tiene en el desarrollo de la personalidad del niño y del joven. Dos concepciones se imponen: el t. para la infancia y los jóvenes efectuado por profesionales adultos, y el t. realizado por los niños, como elemento educativo y artístico, en forma de juego dramático, y el representado por los jóvenes, como creatividad dramática, sobre un texto o idea.
El planteamiento serio del t. para y por la infancia y la juventud es una realidad que cae de lleno en el s. XX. La URSS es el primer país que aborda decididamente el problema de un t. importante para la infancia. En 1920 se funda la primera compañía profesional de t. para menores, dirigida por Natalia Satz. Escocia lo hace en 1927, Australia en 1932, Checoslovaquia en 1935, Francia en 1936, Suecia en 1942, Sudáfrica en 1943, Holanda en 1945. En EE. UU. surge a principios de siglo la inquietud por el t. infantil, basándose fundamentalmente en el t. como expresión; es el llamado arte dramático creador, a cargo de niños y jóvenes. En 1952 se celebra la primera conferencia internacional en París, baje los auspicios de la UNESCO, en la que se expone la necesidad de aunar esfuerzos, mejorar las relaciones entre el t. y las actividades docentes y la recomendación a los países de promoverlo y protegerlo. En 1965 se crea en París L'Association Internationale du Théátre pour I'Enfance et la Jeunesse (ASSITEJ), que se propone reunir los organismos y personas que dedican toda o parte de su actividad al t. para la infancia y la juventud. Uno de sus fines es promover los contactos e intercambios de experiencias, a través de la formación, en los países donde no existen, de asociaciones nacionales que agrupan los organismos y personas interesadas en ellos.
Principios y métodos. El t. para la infancia debe partir de un conocimiento profundo del niño y de su mundo; debe mover a la participación y evitar que el niño sea un mero espectador. Cultivar su sensibilidad, enriquecer la imaginación, ampliar su visión de la vida y despertar el gusto por lo bello, son sus objetivos principales. El niño y su educación exigen un t. de calidad técnica, artística, en donde el canto, la música, la danza, la pantomima, etc., tengan su participación; gran dignidad en su puesta en escena, y un contenido adecuado a su mundo y a su psicología. Éstas son las conclusiones a las que se ha llegado en los diversos congresos y asambleas celebrados por educadores y profesionales del t., y también las dificultades que encierra este t. tanto en el orden económico como pedagógico: la selección de obras, la formación de los directores, los locales, el número de representaciones, etc., son entre otras las más importantes.
Desde el punto de vista educativo, merece mayor atención el t. realizado por los niños bajo los apelativos de juegos dramáticos, arte dramático creador, creatividad dramática y dramatizaciones. Todos estos apelativos responden a la realidad de un t. realizado por los niños, ya sea sobre sus propias creaciones, ya sea a partir de un texto escrito, o de una idea, dándoles su propia forma de expresión. Se basa, pues, en la capacidad innata del niño y del adolescente de imitación, de adaptación y de acción, dentro de unas reglas que él mismo acepta: conjuntar su acción en equipo para lograr una manifestación artística. De aquí que este arte no esté sujeto a fórmulas, sino que en él entren todos los medios de expresión propios del niño, ayudándole al enriquecimiento de su personalidad, a su adaptación social y al desarrollo de su educación.